No es de valientes aferrarse a aquello que con tanto amor hicimos, que tanto cuidamos, que tanto valoramos si llega el momento de despedirse, de que las cenizas lo llenen todo, puede que quede un pequeño papel volando y que por querer cogerlo, para tener un mínimo recuerdo, acabe haciéndose trizas también. Quizá habiéndolo dejado marchar hubiera mantenido su forma hasta que el aire le llevara a donde debiera ir. No todo dura para siempre, y las cenizas solo mancharán nuestras manos. Solo debemos valorar que no todo se quemó, pero sin sobrepasarse.
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