Cada dos pasos que avances uno hará que retrocedas.
Y es tan cierto.
Incluso ya no es quedarse estancado, sino pretender hacerlo lo mejor posible, y tener los pies tan pegados.
Y que encima te aprieten hacia abajo.
La espalda acaba doliendo, el cansancio se cierne sobre el cuerpo. Y tu mente, tras tanto esfuerzo, solo piensa en abandonar.
Pero, ¿Para qué?
Si piensas que puede valer la pena aun.
Nunca has sabido por qué.
Aun se trata de descubrirlo.
Quedarse ahí quieto no es la solución.
He ahí el problema.
No hay comentarios:
Publicar un comentario