Ojos negros, de esos, que te llegan al alma, que te intrigan, por su inmensidad. No sabes dónde empiezan, y mucho menos dónde acaban. Son oscuros, pero puede, sólo puede, que no alberguen oscuridad. Tan completos, tan juguetones, tan serios a la vez, parecen maduros, como si miles de historias aguardaran a ser contadas, sólo a quien supiera de verdad leerlas. Observar durante horas esos ojos, a cualquier hora del día, siempre permanecían estáticos, se cerraban, se abrían, pero le parecían algo tan hermoso. Eran como una adivinanza, un misterio por resolver, y ella, ella siempre había sido tan detallista, tan competitiva. Quería indagar más allá de tales ojos, quería llegar a su mirada... quería, deseaba...anhelaba conocer su inmensidad.
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