Dormir, soñar, despertar y .... querer volver a dormir, pero esta vez ya no sola.
Abrir los ojos y darte cuenta, los renos estuvieron cuidándote toda la noche, pero eran demasiado grandes como para entrar en tu cama. Por eso siempre habían tenido miedo, por su tamaño, por ser diferentes a lo ordinario. Porque aun teniendo un corazón tenían miedo a mostrarlo. Y no le pasaba solo a ellos. Los ágiles y solitarios gatos, ¿quién podría decir que necesitaran cobijo donde pasar la noche? Podían guardar las uñas, pero preferían mantenerse alerta cuando los renos decidían pisar el mismo terreno que ellos, o puede que los renos estuvieran desde mucho antes ahí.
No importa, los dos tenían frío y sueño. acabarían durmiendo al aire y solitarios una noche más.
Las medusas reían al ver tal situación, ni las más frías noches parecían superarles. Qué mal lo pasaban por dentro. Los gatos sabían bien ejercer el arte de la actuación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario