La desesperación se apodera de nuestros pensamientos, los sentimientos se confunden, llegando a parecer inertes, muertos incluso. Nada es como debería ser, nada es como tenías en mente. Quizá a eso estabas preparada, pero no a que fuera exactamente igual a lo que creías.
Los ojos expiran, y los pulmones se cierran, la música deja de sonar para tus oídos, que no escuchan más que ecos lejanos.
Ya es hora de sentir que el mundo también es tuyo.
El invierno no llega, puede que sea porque me he empeñado en que no quiero un verano sin sol.
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