Centrar todos tus sentidos en una cosa. Notar como aquellos dedos, parecidos a los de una suave pluma se deslizan por tu piel, tranquilamente, sin prisas, sin adelantar cuál sería el siguiente paso.
No quiso saberlo aun, siempre la sorprendía tanto, aunque muchas veces no para bien.
Esta vez sí, sabía que no sería igual. Por eso cerró los ojos, y simplemente, se dejó llevar. Era hora ya de confiar un poco, estar tan alerta hizo que sus ojos enrojecieran cual persona sin dormir en semanas.
Necesitaba sentirse bien de nuevo. Esperaba que él pudiera hacerle cosquillas en sus pensamientos.

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