Los colmillos los tenían para protegerse, pero a veces es difícil diferenciar entre fiera y presa cuando llevas sin comer tanto tiempo. Solo quieres sobrevivir, y la manada ya está tan lejos que el frío se apodera de tus huesos y tu pálida piel comienza a tensarse. ¿Qué sería ahora de mi sin los colmillos?
Las garras en el suelo cada vez suenan menos decididas. La nieve cuánto menos está por derretirse. Ahora los árboles que se mueven sin hojas a los lados son lo que menos importa. Espera a confundirlos con más fieras esta noche, entonces sí los tendrás en cuenta. No claves los colmillos en uno, puede que no puedas arrancarlos de su tronco jamás.
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