sábado, 30 de noviembre de 2013

No cierres los ojos...

Volví a soñarle. Creo que tampoco lo quise evitar. Sin quererlo, por querer.
Era la única manera que me quedaba de acercarme a su recuerdo, llegar casi a volver a sentirlo.
Y ahora lo sé, me hubiera quedado durmiendo todo el tiempo que hiciera falta si el sueño se mantenía. No tenía sentido, pero era lo mejor que había sentido en mucho tiempo. No quería que fuera así, pero lo era, lo era aunque en mi cabeza se traquinara todo y despierta me negara. 
Daba vueltas, una y otra vez a la misma historia, el final siempre era el mismo. Sí, abría los ojos y acababa. Volvía a terminar todo. Se rompía en pedazos otra vez. Se acababa ese momento y se cortaba aquel hilo colgante entre locura y realidad.
Siempre sabía a poco. Pero no quedaba otra manera. 
Me repetía, una y otra vez hasta casi enloquecer que no habría más, más que un sueño caprichoso que le volviera a encender en mi cabeza, y quemara hasta incluso despierta.

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