_Enfadado, tras una extensa discusión ajena a la anciana, pero no a él, gritando para sí, creyéndose solo en aquel lugar, preguntó qué significaba todo aquello, qué había ocurrido, qué pasaría ahora, qué más necesitaba hacer. Incompetente y agotado, se sentó en el suelo, al lado de un banco, y rechinando preguntaba una y otra vez qué era aquello perfecto, quería verlo, olerlo, sentirlo y ya no le quedaban fuerzas para seguir insistentemente buscando_
- Te explicaré, pequeño, - sonó una dulce y agradable voz- que la perfección existe, imposible de ver, imposible de apreciar por más de una persona a la vez, imposible de repetir, impensable de reconstruir. La perfección es palpable, insípida, ajena, sentida e inapreciada también. - Se detuvo por un instante para coger aliento de nuevo- La perfección somos nosotros para alguna mente abierta, la perfección puede que sea el deseo cumplido, no tiene nombre en sí, no hay forma ni color, ni olor tampoco, puede que no haya definición. No es posible que nos paremos a pensar en ella, pues dejaría de tener su valor. La perfección no es más pues, que diferentes miradas, momentos, sentimientos y sentidos entremezclados, circunstancias que hacen que a la propia persona le den ganas de disfrutarlo una y una vez más, de no acabar jamás, y que al desaparecer, efímeramente, le dan las fuerzas para continuar buscando, sin pararse a pensar en qué es lo que la hacía tan especial.
_Frunció el ceño el chaval, esperando respuesta aun sin haber formulado pregunta alguna_
- Perfección pequeño, es lo que tú y solamente tú desees que sea perfecto.
Se echaban de menos estas cositas :)
ResponderEliminarPayaso (:
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