Absolutamente nada ocurre dos veces en esta vida. Cada momento, cada segundo, el preciso instante en que parpadeamos, no hay imagen igual, sonido que se repita u olor correspondido a un suceso anterior. Sí, podrían estos recordarnos a momentos vividos, que se asemejen quizá. Buenos, malos, de incertidumbre y seguridad, momentos en los que hemos seguido un camino por decisión propia, o puede que influyera la ajena. Tantos momentos pero, ninguno, absolutamente ninguno vivido exactamente de la misma manera. Por eso, señores, se trata únicamente de aprovechar, sacar, exprimir el máximo jugo a esos instantes que nos hacen aprender, con los que sufrimos, con los que reímos sin saber por qué, con los que caemos, aquellos en los que juega nuestro sentido una mala pasada, y aquellos en los que sale todo como habíamos pensado. Segundos en los que nada interesante a nuestro parecer ocurre pero, en los que, a parte de nosotros, respiran vecinos, amigos y desconocidos, canta un pájaro y otro es devorado por una rata hambrienta.
Todo es relevante, pues nada es repetible. No vivimos en televisión, algunos hacen de su vida un show, otros se dedican a mantenerla distante de la sociedad, no importa, no podemos coger el mando y adelantar o atrasar sucesos, poner la película de nuevo para volverla a vivir. No.
De eso se trata. De ser, cada uno a su manera, seres irrepetibles, simplemente constituidos por momentos que van formándonos tal y como somos, no como debemos ser ni como quisieron otros que fuéramos, momentos que ,al final, serán los únicos capaces de definir quiénes fuimos, y quizá ahí, afloren las razones de nuestro ser.
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