sábado, 30 de noviembre de 2013
No cierres los ojos...
Volví a soñarle. Creo que tampoco lo quise evitar. Sin quererlo, por querer.
Era la única manera que me quedaba de acercarme a su recuerdo, llegar casi a volver a sentirlo.
Y ahora lo sé, me hubiera quedado durmiendo todo el tiempo que hiciera falta si el sueño se mantenía. No tenía sentido, pero era lo mejor que había sentido en mucho tiempo. No quería que fuera así, pero lo era, lo era aunque en mi cabeza se traquinara todo y despierta me negara.
Daba vueltas, una y otra vez a la misma historia, el final siempre era el mismo. Sí, abría los ojos y acababa. Volvía a terminar todo. Se rompía en pedazos otra vez. Se acababa ese momento y se cortaba aquel hilo colgante entre locura y realidad.
Siempre sabía a poco. Pero no quedaba otra manera.
Me repetía, una y otra vez hasta casi enloquecer que no habría más, más que un sueño caprichoso que le volviera a encender en mi cabeza, y quemara hasta incluso despierta.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Efímeros
Absolutamente nada ocurre dos veces en esta vida. Cada momento, cada segundo, el preciso instante en que parpadeamos, no hay imagen igual, sonido que se repita u olor correspondido a un suceso anterior. Sí, podrían estos recordarnos a momentos vividos, que se asemejen quizá. Buenos, malos, de incertidumbre y seguridad, momentos en los que hemos seguido un camino por decisión propia, o puede que influyera la ajena. Tantos momentos pero, ninguno, absolutamente ninguno vivido exactamente de la misma manera. Por eso, señores, se trata únicamente de aprovechar, sacar, exprimir el máximo jugo a esos instantes que nos hacen aprender, con los que sufrimos, con los que reímos sin saber por qué, con los que caemos, aquellos en los que juega nuestro sentido una mala pasada, y aquellos en los que sale todo como habíamos pensado. Segundos en los que nada interesante a nuestro parecer ocurre pero, en los que, a parte de nosotros, respiran vecinos, amigos y desconocidos, canta un pájaro y otro es devorado por una rata hambrienta.
Todo es relevante, pues nada es repetible. No vivimos en televisión, algunos hacen de su vida un show, otros se dedican a mantenerla distante de la sociedad, no importa, no podemos coger el mando y adelantar o atrasar sucesos, poner la película de nuevo para volverla a vivir. No.
De eso se trata. De ser, cada uno a su manera, seres irrepetibles, simplemente constituidos por momentos que van formándonos tal y como somos, no como debemos ser ni como quisieron otros que fuéramos, momentos que ,al final, serán los únicos capaces de definir quiénes fuimos, y quizá ahí, afloren las razones de nuestro ser.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
lunes, 25 de noviembre de 2013
Destruirse a cada paso.
-Pero, exactamente, ¿qué fue lo que ocurrió? ¿Cómo pasó?
- No fue más que un segundo, pero el corazón palpitó, palpitó incontables veces, podría casi jurar que tantas como palpita en minutos, eterno fue el momento, aunque no de los que me gustaría recordar. No quería sino que el mundo se acabara, que tronara y la lluvia incesante cayera, que me nublara más la vista, que llegara al punto de mi mente ciega. Quería que viniera un vendaval y se lo llevara todo, aquellos árboles, las casas, los pájaros e incluso a la gente, a todos menos a mí, que cayera el sol y por un momento ya no estar ahí. Deseaba que ocurriera la mayor locura del mundo, y lo que acabo de contar, créeme, no es lo que desee en ese segundo. Las locuras son mayores aun que un maldito vendaval y una estrella brillante que me llevara a otro lugar.
- ¿Y qué sentiste?
- Volví a quererle una vez más.
Boom.
Fue el momento en que todo cobró y perdió su sentido a la vez, una bola enorme que explotó en la mente, no pudo contener mi cuerpo, y solo daba pasos, pasos en falso pues no observaba a su alrededor, sus ojos nublados, incluso más que el propio cielo oscuro, no pudieron hacer más que cerrar y cambiar de rumbo.
Pero no se irá, no habrá sentido ni tampoco dejará de haberlo.
Simplemente estará. Nada más.
Y, por un segundo, volví a morir.
Era tan sencillo soplar, que el aire y el aliento lo llevaran todo, no aferrarse, no necesitar.
En esos momentos, sus miradas se cruzaron, sin saber bien qué decir, a metros de distancia, y sus gargantas no gritaban lo que sus ojos veían. Se evitaron, luego, como si nada pasara, nunca pasó, para ellos ya no sería jamás de la misma forma.
Pero ambos sabían que sus presencias seguían sobre la faz de la tierra, en el mismo suelo, en el mismo aire.
Odio no era la palabra, temor tampoco, algo que mi cabeza no llega a comprender, algo tan simple como soplar, pero que pocos saben hacer, o tienen valor para ello desde el primer momento, dejarlo atrás, pero al mismo tiempo respirarlo una y otra vez, en muchas ocasiones casi sin darse cuenta, en otras tantas de tan rudas maneras.
Decían que una mirada todo lo da, y lo quita también.
Era tan fácil como dejarlo estar, volver a respirar.
Pero el viento frío que azotaba se coló por sus venas, se clavó en sus huesos, tan desprevenidos, sin defenderse. No pudieron en ese instante. Pero tampoco iban a enfermar, tanto que no, no por fuera al menos.
No más.
No.
domingo, 24 de noviembre de 2013
Directamente...
No pienso que sea tan fácil, tan sencillo, después de todo lo ocurrido, un simple abrazo y un hacerce el loco no sirve de mucho cuando el historial pequeño, no está de tu lado.
Son muchos años, quizá no más que con otras personas, pero años intensos, en los que nos hemos conocido, contado verdades, mentiras, hemos sido críos, y personas maduras alguna que otra vez, hemos pensado, reflexionado, gritado y susurrado, demasiadas cosas para ser contadas, pero todas, aquí, con nosotros, sin más.
La única clave estaba en aprender.
Y hasta que no comiences a demostrarlo, tus palabras e intentos de perdón no servirán. Redimirse no es cuestión de un día, y si aun crees que así será, estás más lejos de conseguirlo de lo que todos podemos imaginar.
Te quiero, quiérete y empieza a apreciar lo que tuviste, tienes y podrás tener, con cabeza, con la de arriba y un poco de paciencia, las cosas no siempre son cuestión de segundos, el tiempo es relativo y solo hay que aprender a ponerlo a nuestro favor.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Charcos derramados.
Aprieta fuerte, haz el torniquete que yo nunca supe, contén mi sangre, no dejes que muera una vez más. Haz lo que nunca puede yo, lo que no he sido capaz de mantener, de llevar. Enséñame a vivir de nuevo, a aprender y levantarme cuando más cansada esté.
Sé que puedes, confío en que podrás.
Sin más razón.
Lo necesito.
viernes, 22 de noviembre de 2013
_Enfadado, tras una extensa discusión ajena a la anciana, pero no a él, gritando para sí, creyéndose solo en aquel lugar, preguntó qué significaba todo aquello, qué había ocurrido, qué pasaría ahora, qué más necesitaba hacer. Incompetente y agotado, se sentó en el suelo, al lado de un banco, y rechinando preguntaba una y otra vez qué era aquello perfecto, quería verlo, olerlo, sentirlo y ya no le quedaban fuerzas para seguir insistentemente buscando_
- Te explicaré, pequeño, - sonó una dulce y agradable voz- que la perfección existe, imposible de ver, imposible de apreciar por más de una persona a la vez, imposible de repetir, impensable de reconstruir. La perfección es palpable, insípida, ajena, sentida e inapreciada también. - Se detuvo por un instante para coger aliento de nuevo- La perfección somos nosotros para alguna mente abierta, la perfección puede que sea el deseo cumplido, no tiene nombre en sí, no hay forma ni color, ni olor tampoco, puede que no haya definición. No es posible que nos paremos a pensar en ella, pues dejaría de tener su valor. La perfección no es más pues, que diferentes miradas, momentos, sentimientos y sentidos entremezclados, circunstancias que hacen que a la propia persona le den ganas de disfrutarlo una y una vez más, de no acabar jamás, y que al desaparecer, efímeramente, le dan las fuerzas para continuar buscando, sin pararse a pensar en qué es lo que la hacía tan especial.
_Frunció el ceño el chaval, esperando respuesta aun sin haber formulado pregunta alguna_
- Perfección pequeño, es lo que tú y solamente tú desees que sea perfecto.
- Te explicaré, pequeño, - sonó una dulce y agradable voz- que la perfección existe, imposible de ver, imposible de apreciar por más de una persona a la vez, imposible de repetir, impensable de reconstruir. La perfección es palpable, insípida, ajena, sentida e inapreciada también. - Se detuvo por un instante para coger aliento de nuevo- La perfección somos nosotros para alguna mente abierta, la perfección puede que sea el deseo cumplido, no tiene nombre en sí, no hay forma ni color, ni olor tampoco, puede que no haya definición. No es posible que nos paremos a pensar en ella, pues dejaría de tener su valor. La perfección no es más pues, que diferentes miradas, momentos, sentimientos y sentidos entremezclados, circunstancias que hacen que a la propia persona le den ganas de disfrutarlo una y una vez más, de no acabar jamás, y que al desaparecer, efímeramente, le dan las fuerzas para continuar buscando, sin pararse a pensar en qué es lo que la hacía tan especial.
_Frunció el ceño el chaval, esperando respuesta aun sin haber formulado pregunta alguna_
- Perfección pequeño, es lo que tú y solamente tú desees que sea perfecto.
Otras palabras olvidadas...
El viento rompe nuestros esquemas y el frío cala nuestra ropa, nuestra piel, nuestros huesos. Nos acurrucamos, pero al instante entramos en calor, y más calor, y más. Ya no es tan agradable. Dudamos.
No pido otra cosa más que mi mundo, cada uno que se quede con el suyo, no hay más necesidad.
Mírame con ojos sinceros, no hagas más estruendo que el propio viento.
No digas, pues las palabras son solo la cuchilla que descuartiza todo aquello a su paso. Un susurro puede, acompañado de una caricia y unas muecas sinceras.
Un apretón en el momento adecuado, un abrazo sin mediar más trato que el ser aceptado. Una verdad nunca contada, pero real, tan real como mojarse al chapotear en charco, tan real como una mentira esgrimida a trancas y barrancas.
No tiene sentido, lo sé.
De eso se trata, como siempre.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Polvo inhalado.
Estaba harta, tenía miedo y le temblaban las manos. Salía porque no quería escuchar más que la música de sus auriculares, no quería nada a su alrededor, no deseaba sino estar sola, al menos en ese momento. No necesitaba a nadie, o eso quería hacer ver. No quería necesitar a nadie, sería la palabra correcta.
Pero bien sabía que no podía permanecer así por mucho más tiempo, no le quedaban fuerzas, por mucho que tratara de ocultarlo, ocultárselo. Ahí quedaba, como el polvo debajo de una alfombra, como la ropa tirada de los armarios luciendo una bonita habitación.
Era tan simple al exterior, tan conformista, quería adaptarse a esas circunstancias, a esa vida que no creía ya suya. Se veía tan perdida ante tantas decisiones y pasos que dar. Solo quería estar quieta de una vez, conformarse y no pasar de largo de nuevo.
Pero había días, sí, tantos días... en los que explotaba el cielo y se hundía la tierra, en los que nada tenía sentido, días en los que el polvo se escapaba de la traidora y cansada alfombra.
martes, 19 de noviembre de 2013
Without doubt.
It's time to come back.
Come back to my life, come back to averything I've always dreamed, everything I really want and I long for real.
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