miércoles, 12 de octubre de 2011

Phone.

Estaba aburrida en mi habitación, contando las horas que aun faltaban para salir con mis amigos. Hablando con muchos de ellos por el ordenador, escuchando la música que fluía por mis auriculares, a todo volumen. Acariciaba a mi perro, que estaba dormido entre mis piernas hacía un buen rato. De pronto me pareció oír que sonaba el móvil a mi lado. Miré quién era, pero me pareció tan extraño que antes de contestar miré de nuevo para comprobar que realmente fuera quien creía. Lo era. Tan extraño como ver estrellas en una noche nublada. Parecía que se había despejado un poco el cielo, porque ciertamente, era él. Contesté, después de darme cuenta de que no podía sonar más ilusionada de lo que debería estarlo, y le hablé de una forma cutre. Fue una conversación normal, como con otra persona cualquiera, pero especial por el simple hecho de que se molestó en llamarme. Empecé a dar vueltas alrededor de mi cuarto sin poder parar quieta, acabé sentada en una esquina de mi habitación jugueteando con un balón entre los pies, y entre vueltas y vueltas hablábamos, con varios silencios extraños, pero, fue todo tan... Colgó, y sin saber por qué, me quedé asomada a la ventana durante minutos, sin fijarme en nada, con la mirada perdida.

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