-Dime que me quieres.
-No puedo, no te quiero.
-Entonces ¿por qué te comportas así conmigo?
-¿Tu qué crees?
-¡Ah, es verdad! Juegas conmigo cual niño con un juguete.
-No hago eso.
-Perdona?
- ¿Es que no hay ya demasiadas evidencias? Además, que yo sepa la que juega aquí eres tú.
-Te he dicho que me ayudes, no es un juego, no para mí.
-Y te he contestado que me olvides.
- Esa no es la respuesta que quiero oír.
-¿Y qué quieres oír? ¿Que te quiero? Que quiero pasar mi tiempo contigo? ¿Todo eso que ya sabes y que no pienso decirte? ¿Para qué? ¿Para que cuando lo haga te sientas bien y me olvides?
( Aparta la mirada de sus ojos)
-Prefiero seguir siendo así, porque al menos sé que luchas por mí, o … por algo relacionado conmigo, no sé.
-No lucho por ti, ¡no te lo mereces!
-¿Por qué? Por no decirte lo que siento? Olvídate anda.
-No, por no demostrármelo nunca y haber perdido tu oportunidad.
(El le agarra un brazo, ella le mira y le acaricia la cara)
-Te quise, te quiero, pero no te querré si me dices que te olvide. Mentira, te querré, pero, cada uno tendrá su vida, como hasta ahora. No sé qué somos si no lo intentamos.
-Conmigo no serás feliz.
-Y eso quién lo decidió?
-Yo.
-Siempre tú, ¿no?
-Por eso mismo no serás feliz.
-Cállate ya anda.
-Ya ni sabes qué responderme.
-Lógico, con tanta tontería es imposible.
-¿Entonces?
- ¿Lo dejamos pasar, como siempre?
-Supongo, no somos lo suficientemente valientes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario