No puedo sacarte de mi cabeza, eres como una aguja, clavada profundamente en ella, si la giras hacia un lado, me provoca felicidad, alegría, buenos momentos, ganas interminables de enseñarte lo que es la eternidad. Si la giras hacia el lado contrario, solo hay dolor, y tras este odio, un odio dulce, juegos continuos, pensamientos de sentirse nada, de basura. Ahora es el momento de pensar, ¿para qué lado sueles mover esa aguja? Creo que está más que claro, y por eso decidiré que será mejor olvidarme de ti. ¿Improbable? Sí, pero no imposible, y de ese pensamiento parto, no pienso sufrir más, no por ti.
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