domingo, 16 de octubre de 2011

Estaba atardeciendo, tras un cálido día de otoño, de fría brisa y hojas inquietas en el suelo. Caminaban de la mano, agarradas de una forma peculiar, hablando, riendo, observándolo todo a su paso. Ella le soltó, y fue corriendo hacia un parque que había a unos pocos metros, estaba vacío, puesto que ya era muy tarde, exceptuando dos chicos que fumaban en un muro, por encima, y una pareja ya un poco mayor, que sacaba a su perrito blanco.  Comenzó a columpiarse, más bien a balancearse, poco a poco, yendo un poco más rápido a medida que él se acercaba. Se paró, y él se arrodilló frente suyo. Se miraron. Le dijo que podría decirle una cosa que superaría a todo con creces, ella supo qué era al instante, pero no quiso hacércelo saber. Comenzó a decir tonterías sin sentido, evadiendo el tema, hasta que comenzaron a besarse, y él se lo dijo. Un abrazo fue lo siguiente. Quién sabe lo que pasará más adelante, en ese momento ella quiso que no pasara el tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario