sábado, 22 de octubre de 2011
Nunca.
Tic, tac, tic, tac, sonaba el reloj de mi cuarto, pasaban los segundos, los minutos, rápidamente, y me preparaba para salir, cogí el móvil, me puse la música con los auriculares, y decidida, fui hacia donde se encontraba él. Un buen rato tardé en llegar, y dando especies de saltitos iba por el camino, la gente miraba , o eso creo, no me importaban, estaba alegre, tenía tantas ganas de verle. Es ridículo, no sé qué me pasa. Esa sensación de nervios, locura, y tensión que te dan, es algo maravilloso. Llegué y, efectivamente, él ya estaba ahí, como casi siempre, suele llegar minutos antes, y yo minutos después. Nos saludamos, casi sin acercarnos, y decidimos esperar sentados a los demás, con los que supuestamente habíamos quedado. Hablando y riendo pasó el tiempo, no llegaban, hasta que pensé que quizá el me había mentido, para excusarse al haber quedado. Sí, estoy segura de que eso es lo que pasó, demasiado orgulloso, al igual que yo. Como en aquel sitio hacía demasiado frío, decidimos ir a un lugar un poco más cálido, y fuimos caminando muy lentamente. El viento soplaba con bastante fuerza, haciendo volar hacia atrás mi pelo, en cambio el suyo casi no se movía. Estaba mirándole, cuando, de repente, el giró la cara hacia mi, bruscamente, y me dijo que si tenía frío. No entendí nada, estaba siendo amable conmigo. Me quedé tan parada que no me dio tiempo a responder, pues antes de que lo hiciera me había puesto una chaqueta que tenía por encima. Olía a él, mucho, sí. Era tan reconfortable. Seguimos contando historias de cualquier detalle que nos había ocurrido, comiendo dulces que habíamos comprado en un pequeño estanco. Me sentía demasiado extraña, ese día no estaba siendo tal y como me lo había esperado, estaba siendo mucho mejor. Llegamos hasta sitio extraño, pero precioso, hacía algo de frío, pero sorprendentemente él tenía una manta en su maleta. Nos sentamos en el césped, ya atardeciendo, y nos tapamos. Y hablando y hablando se pasaba el tiempo. No sabíamos la hora, y sinceramente, a mi no me importaba. Sentí la necesidad de apoyarme sobre su hombro, que a mi derecha, tan cerca estaba. Dudé, por si rompía aquel momento, pero, tenía tantas ganas. No quise ser brusca, así que poco a poco, mientras escuchábamos una canción, me apoyé. El quitó el hombro, rápido. " La cagué, pensé. Pero lo que hizo fue pasar su brazo por detrás de mi espalda, rozándola, haciendo que me escalofriara, perdí la noción del tiempo durante un instante, y cuando me percaté, estaba apoyada entre su brazo y el pecho, y él tenía la mano por mi cintura. Hubo un momento de silencio, no incómodo, sino el tipo de silencio perfecto, el que hace los momentos más especiales. Su voz lo cortó de pronto, solo para decirme, tan cerca del oído y casi susurrando, que si alguna vez me había planteado si muchas de las cosas que me había dicho eran verdad. En realidad, aunque nos contáramos mucho, yo tenía en la cabeza que él jugaba conmigo, en realidad, creí que en ese momento, como en la mayoría, lo estaba haciendo. Así que le dije que siempre estaba mintiéndome, que ya no sabía lo que era verdad o no. Todo el día cambiaba de opiniones, tan bipolar, tan cambiante. No me dejó seguir hablando, se movió, hasta que su cara estuvo en frente, a un par de centímetros de la mía. Se separó un poco, y me miró a los ojos. Yo ya no hablaba, estaba tan paralizada que no podía responder ante nada. Sabía que yo era débil, me conocía demasiado bien. Puso su mano en mi cuello, me acarició la cara, y sin darme cuenta, nuestras caras estuvieron a escasos centímetros durante unos instantes, noté su respiración rápida, cerré los ojos, y él también, nos acercamos, y nuestras caras se toparon, suavemente, tanto, que nos dio tiempo a reaccionar y separarnos. Él se dio cuenta que podíamos joder muchas cosas si pasaba algo, y yo pensé en que no era justo para nadie. Cuando ya estábamos separados, me cogió de la mano, y se puso a acariciarla. No sabía qué hacer, no tenía ni idea de lo que él pretendía, pero solo le seguí el juego, una vez más. De la mano pasó al brazo, y del brazo al cuello. Volvimos a acercarnos, como si de imanes se tratara. Cerré los ojos. No, no fue un sueño. Tic, tac, tic, tac...
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(:
ResponderEliminarwiiii *.*
ResponderEliminarwoooo !
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