Entras a tu habitación y la encuentras tan estresante y caliente que no puedes casi respirar. Abres la ventana, poco a poco, y una brisa rápida pero a la vez tan suave de aire fresco te salpica en la cara, empujando tu pelo hacia atrás, haciendo que te olvides de todo por un instante, sintiéndote tan a gusto que no sepas qué es un problema ni qué es lo que te hacía estar tan enfadada unos momentos antes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario