Esta vez no será Romeo quien venga a rescatar a la bella princesa, pues la princesa ni es bella. ¿Debería haber comenzado diciendo que ni siquiera es princesa? ¿A lo mejor también tuve que decir que él no tenía como nombre Romeo? Qué más da, ahora ella está asomada a su ventana, pero no le espera a él. Solo quiere ver pasar una estrella fugaz que le devuelva la alegría.
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