viernes, 25 de mayo de 2012

Y le escribió otra carta de amor que nunca envió. Era lo que llevaba haciendo desde pequeño. Siempre creía que no era lo suficientemente bueno para ella, que jamás conseguiría hacer nada para sorprenderla. Pero lo que no sabía era que ella llevaba esperando desde hacía años una de esas cartas, una simple sonrisa, un simple abrazo, sin miradas frías, sin evitarse al cruzarse. Pero ninguno se atrevía, creían que uno era demasiado perfecto como para tener el otro, cuando la realidad era que solo eran perfectos cuando se deseaban más que a nada. 
Ella encontró una de esas cartas que nunca le llegaron, pero no era una actual, sino una que el chico había escrito de pequeño, cuando no eran más que críos que no sabían dónde colocar una tilde ni qué poner al final de un escrito. No sabe ni cómo la encontró, solo la abrió, al ver su nombre, y una sonrisa de extremo a extremo de la cara se dibujó. "Tarde", pensó. Pues creyó que  no fueron más que ilusiones de un niño, que ahora la realidad sería diferente. La realidad había sido la misma desde que se conocían, pero nunca habían sabido interpretarla como realmente era. Pereza, timidez, desganas, ¿miedo? Sí, supongo que sería el miedo a perder al otro lo que les impedía avanzar.
Ahora no sería diferente.

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