domingo, 11 de septiembre de 2011

Doce, trece catorce… veinte, así subía el volumen de sus auriculares, bañados en música, con los que trataba de desaparecer del mundo por unos instantes, un rato, unas horas. Echada en el césped del parque, a estas horas no había ningún niño, quizá alguna señora que paseaba a su perrito blanco, caminando pausadamente, mirando nerviosamente hacia un lado y otro. No había nada, aire fresco, que movía las hojas de los árboles son un sonido que cada vez se escuchaba menos en sus oídos. Las ramas tapaban su cara del deslumbrante sol que le acariciaba cálidamente la piel. Su pelo recorría el verde césped recién cortado, que olía tan fresco, tan perfecto. La vida era increíble para ella en ese mismo instante, apartarse de toda la mierda que la rodeaba, de tantas vueltas que le daba a todo, de ese miedo a perder que tenía, de esa sensación que la invadía siempre de abandonar. Canciones sonaron durante largos minutos en los que no quiso pensar en nada más que en lo maravilloso de ese momento. Quiso sacar de su cabeza todos sus pensamientos que la reconcomían por dentro, pero al pasar un tiempo, volvieron, de golpe, sintió una especie de mareo que hizo que se girara, y le vio a él, sentado a su lado. Le quitó un auricular, y se lo puso en su oreja derecha. A ella se le iluminaron los ojos, la mirada le cambió, y juntos, comenzaron a tararear un trozo de la canción hasta que echados en ese recién cortado césped, durmieron. Pasaron las horas, no sé cuántas, pero pasaron, no les importó que estuvieran en un parque, que la gente les mirara, que pasaran viejitas cotillas y hablaran entre ellas, los auriculares se enredaron entre ellos, y, al despertar, la tarde se había puesto sobre sus cuerpos, no sabían cómo habían sido capaces de dormir tanto, pero al abrir los ojos, él la miró, la observó y esperó a que ella recuperara la conciencia totalmente, solo para acercarse a sus labios y rozarlos, en el mismo instante en que la canción que había sonado al dormirse volvía  a comenzar. No había nada más, ese día era solo para ellos, la vida era para ellos, el mundo era de ellos. ¿Qué hay de malo en sonreír? ¿En tratar de conseguir tus sueños  a pesar de todo lo que se opone? En buscar la felicidad día a día, en acompañar a  la persona que quieres a buscar nadie sabe qué y en quién sabe dónde, pero, qué más da, si estáis juntos, qué más da, si la vida eterna dura un rato.


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