lunes, 24 de diciembre de 2012

Las tripas sonaban, y las voces de aquellas personas comenzaban a oírse un poco más cercanas por segundos. Cada uno traía una bolsa y una sonrisa que compartir. La mesa puesta, la comida recién hecha. Un par de velas encendidas y la tele puesta sin que nadie le prestara atención. El árbol, puesto en aquella esquina, como siempre, alumbraba todo alrededor y el olor de aquel lugar no describía otra cosa que no fuera Navidad. El frío era menos dentro de la casa. No había chimeneas, no nos hacían falta. Por una noche nos tocaba ser Reyes a todos.

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