Hoy el frío la invadía.
Puede que fuera por una simple razón: El sol brillaba fuera y ella no se atrevía a sentirlo. Por eso aquella sensación de impotencia, el querer hacer algo y no llegar a conseguirlo del todo. Quizá la faltaban ganas, quizá había perdido aquello que la hacía vivir y saltar. No era la misma, el sol estaba, pero ella no se atrevía a salir y disfrutar de él, diciendo que prefería el frío. Y seguramente sería así, pero para poder arroparse con mucha ropa abrigada.
Cuando se acerque la noche será cuando vuelva a atreverse a salir. Cuando tenga la certeza de que el sol no la seguirá para arroparla sin tres capas de ropa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario