lunes, 8 de octubre de 2012

Porque lo suyo es mirar a lo alto y desde lo más alto, andar por la calle con aires de bailarín, a cada paso las miradas le persiguen, a cada movimiento los ojos expectantes de su público observan sin dilación. 
Su pelo rebelde se mezcla con el viento, sus manos, inquietas, van al compás de la música que suena en sus auriculares. No le importa nada, nada más que ser aquello por lo que los demás darían más de lo que tienen.
Ya no le importaba lo que sería capaz de dar él, ni por él mismo ni por los demás.
Detrás de esa máscara de arte y perfección no había más que otro actor sufriendo por hacer bien su obra, pues si no no recibiría el pago correspondiente para poder seguir manteniéndose a flote, para dar otro aliento en aquellas calles de la vida, que para él ya no significaban más que un escenario demasiado transitado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario