martes, 3 de abril de 2012

- Pequeña, déjame decirte una cosa - Le dijo aquella anciana que estaba sentada a su lado en el banco-
- ¿ El qué? - Dijo la niña con tímida voz-
- Más bien, hazme una promesa. - Rectificó la anciana-
- Dime - Respondió la niña un poco más reconfortada por la dulce voz de la viejita-
- Prométeme que jamás vas a depender de nadie, que no vas a sufrir por él, que no te lo va a pasar mal. Pases con quien pases tu tiempo que no te lo haga perder, que paséis los mejores momentos que os ocurrirán en la vida. Nunca te arrepientas, si te arrepientes, si en algún momento dudas, querrá decir que no merece la pena. Si no dudas, es que serás realmente libre, realmente tú, y compartirás tu vida con esa persona, pero nunca se la entregarás. 
- No entiendo.- Respondió segundos más tarde, algo frustrada-
- Déjame acabar. Y ahora lo más importante. Prométeme que vas a aprender de cada una de aquellas personas que pasen por tu vida. Todos se van, todo acaba, pero siempre quedará una ínfima parte de aquello  que has aprendido a conocer y  valorar. Todo detalle, todo momento. Siempre será tuyo, nadie te lo va a arrebatar, sí, eso será tu mayor tesoro. Solo te pido que recuerdes esto cuando crezcas, cuando tengas un mal día, cuando no sepas qué hacer, recuerda que nadie más que tu elige tu futuro y la manera en que vivirlo. - Se levantó la anciana, y sin más que con una tierna mirada, se fue, para nunca más aparecer por aquel lugar.-

No hay comentarios:

Publicar un comentario