jueves, 1 de diciembre de 2011

Echarte en el suelo de tu cuarto, con una manta bien gorda por encima, con todos los cojines que encuentres en casa puestos a tu alrededor. Con música a todo volumen, sin nadie que te diga qué hacer, tú, solo tú, con los ojos cerrados. Y olvidarte de todo. Hasta que lo recuerdas. Recuerdas que tu vida se está volviendo loca, y no sabes cómo has llegado hasta ahí, pero sabes que ese momento es solo para ti, nadie te lo va a robar. Solo hay que olvidarse por un momento para descubrir lo que se quiere de verdad, o , en su defecto, para liarte más aun la cabeza.

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