miércoles, 2 de noviembre de 2011

Querido otoño:
Te escribo con la más desintencionada intención de decirte que eres tan perfecto para mí, tan maravilloso, tan especial... Una a una haces caer las hojas que en su día fueron las más bellas de los más hermosos árboles, lo que me hace ver la grandeza con la que la naturaleza actúa. Tarde o temprano deberemos darnos cuenta de que todos somos iguales, ante todo, ante cualquier peligro, ante cualquier suceso, todos tenemos miedos, todos caemos, pero solo los más fuertes son los que se levantan una y otra vez aunque se estén retorciendo del dolor, como las hojas de las que hablo hacen, serán seres sin sentimientos y ya inertes, pero el viento hace que se levanten, que emprendan su rumbo por encima de las que arrastrándose por el suelo se quedan. Un viento frío, que nos enseña que no todo lo que nos levanta en la vida es lo cálido, sino muchas veces las cosas que no nos gustan y nos hacen sufrir, sí, ellas son las que más enseñanzas nos dan para la vida. 
Querido otoño, solo quería decirte que gracias por aparecer cada año y hacerme caminar sobre las pobres y tristes hojas viejas que se retuercen a mi paso, tranquilo y deseoso de que llegue una nueva primavera, para ver crecer a las hojas que serán las próximas en caer.

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