lunes, 14 de noviembre de 2011

En una fría noche, mientras ríes con tus amigos, puede que llegue un momento en el que necesites despejarte, olvidarte de todo, después de muchos días pensando, necesitas estar tu sola. Te vas, sin decir nada, a un jardín que hay cerca, pero no lo suficiente como para que te oigan pensar. Te echas, aunque esté tan húmedo que llegue a mojar. Sientes como te abraza con su suave tacto, y cierras los ojos. Con tus manos comienzas a jugar con las partes mayores del césped, y lo mueves de un lado para otro. Abres los ojos de vez en cuando, viendo como se mueve la sombra de los árboles que te quedan encima por culpa de las farolas con esa luz tan suave que te envuelve. El frío comienza a afectarte, es  una buena señal, estás vivo, y eso te alegra, piensas en todo lo que te lleva días rondando la cabeza. Llevas tanto tiempo echado que pierdes la noción del tiempo, y tus amigos empiezan a preocuparse. Te levantas, y vas con ellos, un poco más calmada, necesitabas un momento para ti  todos lo necesitamos de vez en cuando.

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