Caminando por la acera, andando con calma por una cuesta con algo de sombra, tras un buen rato de sol, iban charlando. Tranquilamente, temas surgían, algo extraño en aquellas dos personas, no solían hablar de esos temas. De pronto, sin recordar la razón, ella se puso a hablar del tiempo, de la edad, de lo rápido que todo marchaba, se marchaba, más bien.
- Chacho, es que no me lo creo, veinte casi ya. Cuando lo pienso a veces hasta me escalofrío, todo, cada segundo pasado no va a volver jamás, no se va a recuperar.
- El tiempo vuela, mucho, créeme cuando te lo digo, y aprovecha cada momento de la mejor manera que puedas, porque luego vas a llegar a los cincuenta, como yo, sin darte cuenta, porque no hay frenos que paren la vida, se esfuma, se derrite y se desvanece...
Levantó una pierna al aire, espantando a unas palomas que se cruzaban por el camino.
- Volando pasa- respondió finalmente ella-
-No, mucho más rápido que volando, y en lo que estamos parados pensándolo, ella sigue sin remordimientos.
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