Cierra los ojos. Como siempre.
No le gusta mirar, pero aun debe aprender a observar. Captar cada detalle, saber qué es aquello que observa, disfrutarlo, dejar que le impregne.
Encontrar belleza en el más horrible sonido, buscar salvación para cualquier dibujo, fotografía, canción estropeados. Una farola rota, una pluma doblada, un capullo en días de helada, una mirada perdida. Sacar el máximo partido de aquello que más desea. Disfrutar de un día soleado, cantar en un día de lluvia canciones de pirata. Imaginar que todo es magia, que puede volar simplemente cuando se deje llevar. Sí, vuela, respira hondo y cae libre. Necesita que la entiendan. O quizá no tanto como ella cree. No está sola en el mundo, pero tampoco tiene por qué estar rodeada de aquellos que se acercan. Físicamente puede, pero el aire es más fuerte, los párpados más poderosos, las manos más suaves y las piernas más ligeras.
Se deshace de lo material aunque parezca que le de importancia. Solo trata de llegar más allá a través de lo palpable. Es posible. Y lo que queda por llegar, sabe que será lo mejor.
Abre los ojos, es de noche, corre las cortinas. Solo desea saber si está lloviendo o se ve la luna llena brillar. Desearía ir a buscar extraterrestres esa noche, pero por ahora ese planeta le satisface. Hasta que le pidan viajar un poco más allá, aquí hay millones y millones de interrogantes por descubrir.
No son locuras, es solo el olor del césped recién podado, seguramente, lo que le hace perderse en su mundo de fantasía. No puede permitirse perderlo a él también, no?
Pues esta noche le toca soñar.