Comenzó a caminar sola por la acera. De tanto pensar ralentizó el paso y se puso los auriculares. La música sonó incesante, por su mente brotaron pensamientos, sentimientos, palabras nunca dichas, cosas nunca hechas. Pero no se arrepentía. Sabía que al fin y al cabo todo lo que había hecho era su responsabilidad, su elección. Y a partir de ahora lo sería aun más.
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